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SONETOS
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Cristo
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Cristo
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sonetos
A
un Cristo cualquiera
A un Cristo nuevo
El Cristo de Jerusalen
El Cristo del siglo XX
Mi Cristo del Espacio
Manos de Cristo
A
un Cristo cualquiera
Dedicado
a D. José Mª Aparicio y Arce hombre idealista de Amor y de Paz- 1971
Del
infinito espacio, roto el velo,
es esperanza azul de nuestra esfera,
millones de planetas en espera
de un mensaje de Amor que cubra el cielo.
Pero
este hombre soberbio de La Tierra
al que el sordo egoísmo lo atenaza,
no le importa la atómica amenaza
que le ha de destruir en una guerra.
Porque
a esta destrucción yo me resisto,
yo te pido Señor, Cristo cualquiera,
que el mundo sepa amar igual que Cristo,
porque cuando el Amor así nos una,
pisaremos los astros en espera,
lo mismo que pisamos en La Luna.

Un
Cristo nuevo
El
30 de Diciembre de 1976 se expuso un Cristo de talla de madera del escultor
zamorano Hipólito Pérez Calvo en la románica y céntrica iglesia de Santiago
del Burgo de Zamora. "Gigantesca talla, de musculosa anatomía, suelta
y desprendida de la cruz, da una imagen serena y atrayente capaz de excitar
a la oración." decía el propio Federico Acosta, a quien le inspiró el
siguiente soneto:
Has
dejado de ser noble madera
para ser de la paz, noble semblanza,
en la imagen de Cristo a semejanza
de la Paz que en su muerte consiguiera.
Esa
Paz de tu muerte yo quisiera,
ver como el mundo por tu amor alcanza
para llenarlo así de fe y confianza
y entre los hombres que el amor naciera
De
Cristo de la Paz te sueño un día
y la paz de mi vida te confío,
haciendo de tu Paz la paz que ansío,
esa
paz de amor que quiero mía.
Esa paz de amor ciego y profundo
de un Cristo de la Paz para este mundo.

El Cristo de Jerusalén
La
loca insensatez del pueblo pide
su cabeza al Pretor de los romanos,
quien lavándose hipócrita las manos
por la vida del Justo se decide.
-Si
eres de Dios el Hijo verdadero
que te salve Tu Dios del sacrificio.
Y en el triste final de su suplicio
es un hombre clavado en un madero.
¡Perdónalos
señor! En su agonía
Jesús de Nazaret, al cielo clama.
La sangre del costado se derrama
y muere en la penumbra con el día.
Y en medio de la sombra y del dolor
nace la luz eterna de su Amor.

El Cristo del siglo XX
El
recuerdo del Gólgota es historia
en la imagen de un Cristo, muy sencilla,
que preside el altar de una capilla
para hacer permanente Su memoria.
Queda
de la tragedia del Calvario,
el largo debatir de una doctrina,
mientras Verdad y Amor, nos ilumina
desde el recinto estrecho del Sagrario.
Y
en el silencio místico del templo
la llama inextinguible de su Amor,
incansable repite el mismo ejemplo.
Cristo
dice: ¡Perdónalos señor!
Y se quiere morir por nuestro bien
lo mismo que murió en Jerusalén.

Mi
Cristo del espacio
Las
fuerzas del espacio poderosas
con el juego orbital de los planeta,
la misteriosa luz de los cometas,
las estrellas, galaxias, nebulosas.
Todo
habla de Creación interminable,
de una inmensidad que es infinita,
sin tiempo y sin espacio, en que palpita
la existencia de un Dios incuestionable.
Y
cuando en ese Cosmos yo medito
acabo de aprender que Dios existe.
Que eras Hijo de Dios, Tú lo dijiste,
por
eso en el azul de lo infinito
la fuente universal de toda luz,
aunque nadie la vez, está Tu Cruz.

Manos
de Cristo
Esas manos, Señor,
blancas, divinas
y que el hierro rasgó con vil suplicio,
abiertas con dolor al sacrificio
rubrican el amor de tus doctrinas.
Blancas manos, Señor,
que peregrinas
tuvieron en su palma un orificio
para el mundo regar de beneficio
izando la verdad entre sus ruinas.
Manos blancas, caminos
de esperanza
que alumbran para el orbe el derrotero
con el Norte de firme confianza;
pues tus manos clavadas
al madero,
en abierto abrazo, es esperanza
de un mensaje de paz al mundo entero.

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