A PUENTE-GENIL

A la Semana Santa
Lírica andaluza

Al vino de Jerez
Corre Genil
Al Maestro
Sombrero Cordobés

 

Al vino de Jerez

Poesía premiada en un certamen literario.

Olímpico manjar que Andalucía
le regala en Jerez naturaleza,
y derramando al orbe su grandeza
al mundo lo llenó de fantasía.

Con sol fundido se forjó tu entraña,
en trasparente luz de meridiano,
y siendo sol y luz, eres humano,
porque donde tu estás, allí está España.

Narcótico oriental por que tu esencia,
sueños felices en las mentes labras,
y alquimista eficaz de la elocuencia
llevas en cada gota mil palabras.

Te bebe la mujer, y tu solera
el brillo enciende de sus negros ojos,
y fundiendo amarillo y labios rojos
dibujas en su boca una bandera.

El vino de Jerez, prenda segura
de eficacia y vigor en un contrato,
por eso en alboroque cierra el trato
y es el vino Notario y Escritura.

Es vino de Jerez oro fundido
con que Jerez obsequia al extranjero,
por eso sé es señor, aún sin dinero,
si señor jerezano se ha nacido.

Eres vivo encendido de canciones
que nos hablan de amor y de alegría,
y en su ritmo al nacer la bulería
hizo hablar y sentir los corazones.

Vino con alma que a beber convida,
que enardece feliz el pensamiento,
y se bebe de él, el sentimiento
de un amor, de una tierra y de una vida.

Tu vas por las naciones vagabundo,
derrotando al licor con que te mides,
y allí tu fama, y en Jerez tus vides,
abraza España con amor al mundo.

Tu dorado brillante no se empaña,
pues llevas de Jerez toda la gloria
de vino embajador de nuestra historia
que habla en andaluz siempre de España.

Corre Genil

Poesía premiada en el Certamen Literario de Manuel Reina de Puente-Genil

Corre, corre Genil, no te detengas
busca el Guadalquivir y ve a Sevilla
y cuéntale que has visto en tu camino
el más bello rincón de Andalucía.

Háblale de ese bosque de membrillos
que surca tu caudal en serpentina,
donde el jilguero con sus trinos
pone las notas de una dulce sinfonía,
y de esas verdes huertas que tus aguas
con amor generoso vivifican.

Dile también, que has visto desde el cauce
la mole colosal que blanquecina,
erizada de largas chimeneas,
su pujanza industrial pregona altiva;
la graciosa figura de tus torres,
donde anidan azules golondrinas,
y sobre ellas sirviendo de corona,
en perpetua misión, la blanca ermita
de Jesús Nazareno, la atalaya
baluarte de la fe, que nos vigila
y a su lado la cruz que nos recuerda
que a la Patria debemos nuestra vida,
porque en su pedestal tienen los héroes
con su nombre escrita una poesía.

Mira el paseo, cubierto del navío
que para siempre ancló junto a tu orilla,
balcón al que se asoman los pontanos
a ver cómo tu cauce se desliza,
y lejos, allá lejos, donde el campo
en el espacio azul se difumina,
Anzur, la vieja torre de señales
que su eterno mensaje comunica.

Di que a tus aguas el murmullo llega
desde una huerta a tu caudal vecina,
de promesas de amor y de piropos,
de flamencas canciones y de risas,
junto al siseo de místicas plegarias,
que a su Señor del Río le dedican,
aquellos forasteros que acudieron,
a contar al Señor alguna cuita.

Que el confuso tropel de ecos que escuchas
la Calle de la Plaza te lo envía,
la Calle de la Plaza el hormiguero
que en confuso vaivén todo lo agita;
allí está el corredor que cierra el trato,
el feliz hortelano que convida,
allí el chicuelo que limosna pide
al hombre de negocios que transita,
y lo mismo se compra allí un cortijo
que al paso se requiebra una mocita.

Di que has visto también a sus mujeres
reflejarse en tus ondas cristalinas,
que son bellas, muy bellas,
como el cielo luminoso y azul de Andalucía,
que cercados de cárdenas ojeras,
sus negros ojos a tus aguas miran
y a su dulce mirar el agua tiembla
y tu rauda corriente precipita.

Háblale tu de un vino generoso
que no sabe a Jerez ni manzanilla,
que solo a vino sabe y solo a vino
porque de otro sabor no necesita,
que su olor es perfume de la Arabia
al que un mago prestó secreta alquimia,
para fundir del Sol, un rayo ardiente,
en limpia transparencia cristalina.

OOO

Corre, corre Genil, no te detengas,
busca el Guadalquivir y ve a Sevilla
y cuéntale que pasas por un pueblo
que ni de su Giralda tiene envidia.

Al Maestro

G. Sanchís-Morell Puente-Genil, Agosto de 1951

Albéniz, Chopin, Wagner y Beethoven
fueron el Amadís de sus lecturas,
y andante caballero en partituras,
las notas dominó desde muy joven.

Su mágico violín sirvió de escudo,
empuñó por espada una batuta
e hizo de España su manchega ruta,
música derrochando cuanta pudo.

Al pentágrama audaz su pensamiento
las "Legiones Romanas" llevó un día
dándoles arte, vida y movimiento,

al compás de una rica melodía,
mientras flotando su melena al viento
el ámbito impregnó de fantasía.

Sombrero cordobés

Córdoba le da nombre de sombrero
y a la sombra triunfal de su Mezquita
con orgullo lo luce el gran Guerrita
y ufano lo llevó Julio Romero.

En la artística estampa de Cañero
remate es, que el jinete necesita,
y es, si al bailar lo lleva una mocita,
de un tango gaditano, aire torero.

Sombrero cordobés; así se llama
un sombrero en que todo es fantasía,
de pamela francesa en una dama

en el hombre se torna gallardía.
Sombrero cordobés; la gloria y fama
y corona cañí de Andalucía.