A LOS NIETOS

Despierta la nieta
Ya tiene dos meses
El astronauta
A los cinco años
La hucha de mi nieta

 

Despierta la nieta...

Despierta la nieta
de sus dulces sueños
y empieza a llorar;
y yo soy su abuelo.

Pero es tan pequeña
que apenas la entiendo;
no sabe de risas,
ni sabe de cuentos,
ni sabe de bromas,
ni sabe de versos;
solo llorar sabe
su boquita abriendo.

Yo busco el chupete,
engaño y remedio,
que hace de madre,
que imita su pecho,
y ya en su boquita
se calla al momento.

Es tan pequeñita
que apenas la entiendo,
pero, cuando crezca
y escuche a su abuelo,
oirá muchas cosas
de mis pensamientos:
sabrá fantasías
y miles de cuentos,
donde haya Princesas
y Reyes muy serios
con hadas madrina
y enanos discretos;
y estrellas que bailan
de noche en los cielos,
jardines con flores
y pájaros bellos,
lindas mariposas
llenas de misterio;
caballos con alas
que llevan en vuelo
Príncipes que tienen
lejanos imperios;
y perros que hablan
que cuentan secretos
y rojos bufones
que se está, riendo.

Veras Mari-Jose
cuando tengas tiempo
las cosas que sabe
por viejo tu abuelo,
que solo ya espera
que vayas creciendo,
hasta que tu rías
la gracia de un cuento;
hasta que tu sepas
lo que dice un verso;
que muchos te guarda
la voz de tu abuelo;
todos los que quepan
en mi pensamiento;
pero ahora pequeña,
como no entiendo,
toma este chupete
y además un beso.

Ya tiene dos meses

Cuando nació María José como tenía mucho pelo, cariñosamente la llamaban "monito".

Ya crece Monito,
ya sabe cositas,
ya tiene dos meses
y, quien lo diría
¡las cosas que sabe
hacer la chiquilla!
Cuando le preguntan
¿cómo está la tita?
levanta su mano
con gracia la niña,
y la pone en la frente
y le da vueltecitas;
y el abuelo se asusta,
oculta su risa,
y exclama asombrado
con gran picardía:
-¡Hay que ver que cosas,
como está la tita!.

Y cuando le preguntan
¿cómo esta abuelita?
levanta sus piernas,
los pies hacia arriba
y con mucha gracia
los mueve y agita;
y abuelo comenta
con una sonrisa
diciendo a Monito:
- Así está la abuelita,
¡ arriba petetes!
¡petetes arriba!
-¿Cómo está abuelito?
y entonces la niña
cierra sus puñitos,
aprieta manitas
y, fingiendo fuerza,
sus brazos estira.
- Así está abuelete,
verdad mi niñita,
fuerte que fuerte
aunque sea mentira.

Pero la abuela
que el juego vigila
le dice muy seria:
-Todo es fantasía.
Monito no hace
lo que te imaginas,
ella solo quiere
descansar tranquila.

Yo se que no tiene
razón la abuelita,
lo que pasa es que tiene
un poco de envidia
de que ver que me quiere
más que a ella misma;
pues quiere Monito
vivir la alegría
del mundo que abre
la flor de la vida,
para sus ojitos,
para su sonrisa;
una vida que empieza
por ser ella misma.

El astronauta

Christmas de Navidad a su nieto Guillermo, 1971

¡Hola Guillermo!. Ven. Vamos a ver.
Si dejas de ser niño cualquier día,
de seguro que a ti te gustaría
un trabajo bonito el escoger.

Lo más seguro es que te gustara,
más que tener carrera, ser artista,
tal vez ser torero o futbolista,
u otra cosa en que no se trabajara.

Pero eso, nieto mío, no es posible
que aquel profesional que no trabaja
su labor o su arte lo rebaja
y se suelen convertir en cosa horrible.

Como debes saber cuanto te quiero
a escoger profesión quiero ayudarte
para que luego no puedas tu quejarte
que a tiempo no tuviste consejero.

No cojas nada que a justicia toca
que te sirva tu abuelo de escarmiento,
que a nadie dejarás nunca contento,
una vez harás mucha y otra poca.

Si te empeñas en ser un ingeniero
lo mismo que tu padre, no es sencillo,
que además de la tuerca y el tornillo
hay también que pensar en el dinero,

y al paso como va la ingeniería
cuando puedas hacer el primer puente,
seguro que hecho está por otra gente
que ahora se hace un puente cada día.

Si has de escoger farmacia o medicina
piensa que eso es vivir del mal ajeno
y vivir para el mal eso no es bueno
aunque cure a la gente la aspirina.

Y así vas a decirme, que a este paso,
todas las profesiones tienen pega,
que el defecto o el mal a todas llega
y vas a decidir no hacerme caso;

por eso quiero darte yo una pauta,
de una profesión que es excelente
y donde faltará pronto la gente
y es esa profesión, la de astronauta.

Que es el ir y el venir hasta la Luna,
cruzar en el camino algún cometa
y hacer una visita a otro planeta
que siempre te será muy oportuna.

Pues da gusto viajar en el espacio
contemplando radiantes las estrellas,
que son rojas y azules, siempre bellas
como hechas de rubí o de topacio.

Cruzando los abismos siderales,
viajando en los espacios infinitos,
hallarás otros mundos más bonitos
y otros hombres que tengan ideales.

Y podrás recordar en algún vuelo,
el que cuando eras tu solo un chiquillo
de vez en vez veía algún platillo
en quien nadie creyó, menos tu abuelo.

Pues él nunca fue tan ignorante
de que el hombre vivió solo en la Tierra,
pues nadie sabe lo que el mundo encierra
y quien niega sin saber,es un pedante.

Cuando de ese infinito seas viajero
a tu abuelo recuerda en ese día
que sin ser astronauta ya sabía
que se ha de dominar el orbe entero.

Por eso este astronauta yo te envío
del que puedes tomar muy buena nota
de que no hay que perder ninguna bota
cuando se ha de viajar en el vacío.

Pero eso a lo mejor que te parece
de que viene a recogerla un angelito
es un algo que siendo tan bonito
solo por Navidad nos acontece.

Aprovéchate tú en las Navidades,
zumbándole a las pasas y el turrón
en esta astronáutica ocasión
en que yo te deseo ¡felicidades!

A mi nieta al cumplir los cinco años

Ha venido la quinta primavera
a traerte la corte de sus flores
y ha llenado los campos de colores
y ha cubierto de verde la pradera;
la alameda de trinos y jilgueros,
el parque lo llenó de bellas rosas,
el jardín lo plagó de mariposas
y la noche de estrellas y luceros.

Y todo eso: luz, color y algarabía
quiero felicitarte en este día,
por ser el primer lustro de una nieta
que es más bonita que el azul del cielo.
Y lo digo con razón, pues además de abuelo
yo sirvo a la Justicia y soy poeta.

La hucha de mi nieta

María José: Este es un cuento de nosotros dos
Tu abuelo
.

Quiero que sepas, ya que así es a veces,
que el sueño escapa cuando somos viejos
y en la noche la mente va muy lejos
y mucho más en los que somos jueces.

Por eso aquella noche no dormía,
mirando la rendija inoportuna
por donde un rayo entraba de la luna
que en rojo con la colcha se encendía.

Y por esta razón mis pensamientos
con las cosas mas raras se encontraban,
cosas buenas y malas se juntaban
para a prueba poner mis sentimientos.

Y así, llegué a pensar en la oficina,
donde bailaban unos mil asuntos;
y mira por donde, de entre todos juntos
me tuve que encontrar el de Agustina.

Esta pobre señora tiene un nieto,
que él, aquí, trabajaba de ordinario
y nunca le faltaba su salario
para vivir su abuela con aprieto.

Mas hace un año que el dichoso chico
empeñose en marchar al extranjero
a ganar, según él, mucho dinero
y volver a su casa como un rico.

Y desde entonces ¡pobrecita abuela!
nadie sabe en verdad de lo que vive,
pues del nieto que marchó nada recibe
ni tiene para echar a la cazuela.

Mas, vive del milagro la Agustina,
mientras espera que su muerte ocurra,
de una casa, una huerta y una burra,
que son toda su vida campesina.

Y tuvo la desgracia el otro día
que olvidando la burra, se le fuera
y que un Guarda de Campo se la viera
comiéndole la alfalfa a Rosalía;

y hallando el caso por demás extraño,
el Guarda se pensó que era un delito
y me hizo la denuncia por escrito
culpando a la Agustina por el daño.

Y este bobo de asunto que quedó
pendiente de fallarse en el Juzgado,
me tuvo por la noche preocupado
y el sueño del descanso me robó.

Pues es verdad que el alma me dolía
de ver a la Agustina ya multada,
pues la pobre mujer no tiene nada
ni el nieto que marchó nada le envía.

Y pensé en los jilgueros y pardales
que comen por los campos a su antojo,
sin que causen a nadie justo enojo,
comiendo sementeras y trigales.

-Son criaturas de Dios, yo me decía,
por esto todo el mundo los mantiene.
¿Y porqué este derecho no lo tiene
la burra al alfalfar de Rosalía?.

Y aunque esto no fuera consecuente,
me pudiera servir ante el aprieto
de salvar a Agustina, a quien su nieto
la tenía olvidada injustamente.

De esa forma, quizá inoportuna,
llegué al recuerdo de la nieta mía,
que a esas horas seguro que dormía,
tranquila en Barcelona, allí en su cuna.

Y en su cuna la vio mi pensamiento;
mas de pronto, mi loca fantasía
tanto la hizo crecer, que la veía
hecha niña mayor en un momento.

Y viéndola mayor , me dijo: -Escucha
no te preocupes de Agustina, abuelo,
que las multas también las paga el Cielo,
si la nieta del Juez tiene una hucha.

Y al oirla así hablar, con desparpajo,
yo ya daba la multa por saldada
y el ver a la Agustina condenada
ya no me iba a costar tan gran trabajo.

Y lo mismo que un ángel , en un vuelo
llegó mi nieta a casa de Agustina
y le dejó la hucha en la cocina
para pagar la multa de su abuelo.

Y con este tan iluso pensamiento
dejó el asunto de tenerme en vilo,
y al quedar como Juez harto tranquilo
pude dormirme, desde aquel momento.

Cuando ya la mañana por fin vino
acudí presuroso a la oficina,
en el juicio pensando de Agustina
y en la dura impiedad de mi destino.

Y al llegar a la sala del Juzgado
un Guarda me esperaba algo impaciente
y el hombre me explicó muy diligente
en la denuncia haberse equivocado.

Que la burra, no fue la de Agustina
la que hizo al alfalfar tan grave daño,
que aunque el caso parezca un poco extraño,
la burra resultó de otra vecina.

Enseguida escribí lo que decía
para dejar sentado que la gente
no se debe comer impunemente
el alfarfar que tiene Rosalía.

Y como en vez de Agustina es ya Ramona
la que ha de pechar con la receta.
me sentí muy feliz de aquella nieta
que en su cuna está dormida, en Barcelona.

 

Con su nieto Federico

 

Con su nieto Javier

 

Con Guillermo jugando al ajedrez

 

Y aquí con MªJosé

 

 

 

 

Federico con sombrero :-)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su nieta María José con dos meses

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Guillermo con su pijama de astronauta

 

 

Tarjeta de Navidad en la que se escribió el poema

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los cuatro nietos en Navidad